› Crónica Chris Cornell. 21 de abril de 2016. Gran Teatre del Liceu. Barcelona.

Un teléfono rojo preside cada concierto de Chris Cornell, colocado en una pequeña mesa donde el de Seattle suele dejar sus bártulos noche tras noche. Cuenta la leyenda que el aparato pertenecía a su amigo Jeff Buckley; a modo de talismán, el vocalista de Soundgarden lo mantiene cerca en sus recitales, para traerle suerte e inspiración. Interesante premisa, esa línea directa desde el más allá para atraer las mejores vibraciones y capturar musas pertenecientes a otros tiempos. Viendo lo acontecido en su último concierto en el Gran Teatre del Liceu, parece ser que tamaña superstición le da un magnífico resultado.


Superado el ridículo bajón que supuso aquel risible “Scream”, Cornell ha sabido reconducir su carrera como artista en solitario en la dirección correcta, esto es, dando un respiro a su castigada –aún espléndida- voz adoptando un envoltorio más acústico, entre el folk y el blues, que extrae matices y tonalidades más allá de los alaridos y el drama eléctrico. ‘Higher Truth’ su último trabajo de estudio, es la prueba palpable de ello.


El maduro Cornell ejerce de cantautor y ocasional storyteller, haciendo borrón y cuenta nueva, pero con la vista puesta en su extensa y variopinta trayectoria artística. Acompañado puntualmente por el hábil multi-instrumentista Bryan Gibson, Chris recupera clásicos de Soundgarden (Fell On Black Days, Black Hole Sun, un Rusty Cage cercano a la versión que realizara el gran Johnny Cash y una apabullante revisión de Blow Up The Outside World), Temple of the Dog (emocionantes Say Hello 2 Heaven, Hunger Strike y Wooden Jesus) y Audioslave (entre otras, Doesn’t Remind Me, Getaway Car y Like a Stone), saltando de sus primerizos himnos como solo artist (Sunshower y una celebrada Seasons) a los últimos (magníficas Nearly Forgot My Broken Heart, Let Your Eyes Wander y Higher Truth), sin dejar de lado alguna que otra versión de sus músicos favoritos, desde Dylan (un Times They’re A-Changing de remozada letra) a Michael Jackson (Billie Jean), The Beatles (apoteósica A Day In The Life), U2 (un cachondísimo One con la letra de la canción de Metallica de mismo título) y Prince, de cuyo fallecimiento nos enteramos todos minutos antes de que diera comienzo el show y a quien Cornell dedicó un sentido y quebrado Nothing Compares 2 U.


Dos horas y media de energética introspección salpicada de anécdotas y algún que otro experimento que, más allá del mero salto atrás en el tiempo, revaloriza y devuelve la confianza perdida a un artista con todavía muchas cosas por decir. Una noche para no olvidar, en todos los sentidos.

Tx: Alberto Díaz Extraida de Rock On. / Ft: K.

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Organiza: Clipper's Live.