› Crónica Anathema + Astra. 18 de octubre de 2012. Sala Joy Eslava. Madrid.

› Fotos Anathema + Astra. 17 de octubre de 2012. Apolo. Barcelona.

De nuevo, me pierdo a unos teloneros de lujo. No disfruté de Astra. Culpa de las obligaciones laborales. No estamos como para quejas, así que mejor, agacho la cabeza, y me conformo con lo vivido, que no ha sido poco.

A las nueve menos cuarto de la noche, la madrileña sala Joy Eslava, ideal para un grupo como Anathema, estaba a rebosar. Me hice con un hueco desde el que disfrutar sin problemas, no sin antes pedir permiso a una veintena de personas, y como si me hubieran estado esperando, comienza a sonar “Untouchable Part I”. El nitidísimo arpegio abre el grifo de emociones de mi cerebro, la adrenalina se dispara, y se mezcla con efervescentes recuerdos no demasiado enterrados. Era fácil fundirse con la música, cuando el escenario está prácticamente a oscuras, el sonido es claro, los músicos son apasionados, y el juego de luces, que apuntaba a todas partes menos a los músicos, es precioso.

Empalman con la segunda parte, bajan revoluciones, y cuando ya tienen al público en el bolsillo, suena la voz de Lee Douglas. Los aplausos ensordecen, la sala hierve, y aquello acababa de empezar. Poco tiene que ver su sonido actual de estudio con el de sus inicios. Lo mismo ocurre en sus conciertos. Danny suena más a Gilmour que nunca, y junto con su hermano Vincent, consiguen un juego musical con efectos añadidos que para nada resulta gratuito. Una atmósfera inigualable, más viva de la que conseguimos escuchando “Weather Systems” con la luz apagada y buenos auriculares. Hacen que parezca fácil.


La guitarra de Vincent quedó prácticamente ausente durante todo el concierto, a volumen muy bajo. Puede que fuera intencionado, pero echamos de menos la pesadez de algunos riffes que tanta variedad aportan a su música. La pobre quedó ensombrecida hasta el final, a cambio de que la voz del propio Vincent deslumbrara casi tanto como la de Lee. Un duelo vocal de titanes en plena forma.

Han apostado, como era de esperar, por sus últimas creaciones. A las mencionadas, se añaden “Thin air”, “Dreaming light” y “Everything”. Juegos de voces exquisitos, guitarras acústicas, un piano comandado por Daniel Cardoso que cobra vida, y un Daniel Cavanagh paseando por el escenario y animando al público como nunca. Delicioso recital, perfecto para cerrar los ojos y no abrir la boca mientras no lo pidieran los músicos.

Rescataban algo de “Judgement”: “Deep”, para disfrute de la totalidad de la sala, en la que se echa en falta algo de guitarra, y “Emotional winter”, clavando los sonidos más peculiares que ofrecía la original en pleno directo. Horas de ensayo, y talento. No creo que haya otra forma de conseguirlo.

Inmediatamente después, Vincent nos ponía al corriente de que iban a caer varias de su nuevo (y maravilloso) álbum. Ya no sorprendía tanto, pero el hecho de que esas canciones cobren una vida tan delicada en directo, que se interpreten tan cuidadamente, es una experiencia a saborear segundo a segundo. Volvían a su anterior álbum con “Universal”, y un poco más hacia atrás con lo que supondría una recta final de infarto: “Closer”, “A Natural Disaster”, “Flying” e “Internal landscapes”, esta última de “Weather Systems”. Las sensaciones ya se agolpaban, el público cantaba cuando salía de su asombro, y la banda no dejaba de agradecer, de sonreír y de animar. Vincent, cargado de sinceridad, agradecía la compra de una entrada para verlos, dada la conocida situación en la que se encuentra nuestro país. Un detalle que a poco costoso, sorprende que se lo dejen en el tintero la mayoría de bandas que nos visitan. Será la educación británica.


Se reservaban para el final un par de sorpresas. Uno de sus temas más grandes, más íntimos, de los que estrujan el corazón del oyente, “Empty”, coreada de inicio a fin por toda la sala, y algo de material “antiguo, de cuando era niño”. Nadie esperaba el “Orion” de Metallica. Es más, era casi tan poco esperado como el “One Last Goodbye”, que no había sonado en toda la gira y ha provocado uno de los momentos más emotivos de todo el show.

Un espectacular final, como lo es siempre la bestial “Fragile Dreams”, que provoca los saltos del público, y que, por primera vez en todo el show, se iluminen los músicos con el genial juego de luces de una Joy Eslava a rebosar.

Era mi tercera cita con Anathema, y por fin, les asignan una sala a la medida de su música. Hoy el sonido les hizo justicia, y han podido ofrecer un show de más de dos horas con algunos momentos de infarto, demostrando que apuestan todo por su nuevo rumbo musical, y sobre todo, representándolo en directo como todos queremos. Han alcanzado un nivel muy alto, una altura que sobrepasa etiquetas, géneros y prejuicios. Han llegado al nivel de la buena música, del intimismo y del feeling. Dejan con ganas de mucho más. No se disfruta de shows así todos los días.


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Tx:Edgar Carrasquilla @Edgar_Corleone. Extraida de The Best Music. / Fotos: K.

Organiza: Madness Live! Productions